1 de noviembre de 2009

Peligro.
Temor.
Desvanecer. Aceptar. Caer en su piel.
Tentación. De comerme su boca.
Porque no hay lujuria mas placentera que la prohibida. Y se que es prohibida.
Porque es impropio. Porque no es parte de mí. De mi yo. Es mi ello que grita desesperado por el. Anhela su cuerpo. Su piel. Su suspirar. Aunque no pueda tener mas señales que me digan que me equivoco.
Ay mi dios. Que pecado voy a cometer. Lo quiero. Lo quiero para mí.
Y para nadie más. No para jugar con el. Para disfrutarlo hasta la ultima gota. Y llorar luego. Por esa culpabilidad humana.
Lo amo. Amo el ideal que tengo de el. Amo sus imperfecciones. Admiro su maravilla. Más allá de su figura. Lo amo por lo que es.
Y tengo que decírselo.
Porque la forma en que me tentó fue increíble. Porque la forma en que me pidió. En que urgió por mí. Me hizo sentir querida. Si bien eso fue puro y simple deseo. Lo malinterprete. Y ahora no hay vuelta atrás.

Peligro. Ese es su nombre. Nada de lo humanístico, nada de lo usual. De la denominación del ser por unas silabas insulsas. No. Peligro. Así se llama mí amor.

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