Mi cerebro funciona incorrectamente esta noche. Desabridos antojos desbordan una cierta monotonía de las sinapsis, y generan un quiebre.
En el cual las relaciones con el ente externo se vuelven extracurriculares, esas entelequias evitables de un mundo amoldado a ojos y semejanza de un fantasma.
Es vacío. Si, vacío. Vacío con ojos grises y orejas grises, bocas grises y manteles grises. Maniquíes imberbes y los desolados sonríen.
El código natural de comportamiento conferiría el secreto de que las leyes acordadas por un orden socialmente establecido, como que pisar el suelo es correcto, nos prestan herramientas para desmitificar situaciones tales como que ingerir eyaculaciones es maleducado.
Ser incorrecto en estos días, carece de sentido cuando las hilaridades están de moda.
Grito. Grito y procedo a roer. Grito y busco desaparecer. Una bruma me enciende y me desvanece a un pequeño habitáculo debajo de la rendija de mis orejas.
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