Y la noche encoge sus uñas como el leopardo.
Mis lunas se recortan, envidian otra manera de enardecer rabinos sinestesicos y pescas ambivalentes.
Los muñecos tienen miedo,
Temen al mono engarzado que descansa del otro lado de la cerradura.
Temen al dolor encausado y posibles allanamientos dorsales.
Temen huesos que se digieren a si mismos,
Pelambres erotizadas que rebotan al magma.
Ataques conductistas emulantes de un sesgo arcaico.
Los muñecos se desintegran enamorados, la luna crece
Vomita adlatares.
Ya no es mi hora
Mi luna se ha aguado
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