12 de marzo de 2012

Los lazos se rompen. Mi anatomía resuelve retorcerse.
Necesito vomitar.

Desperate and Ravenous...
I'm so weak and powerless over you...

6 de marzo de 2012

El desaforeo pragmatico de mi corazón manifiesta alteraciones sublimes de mi alter ego.
Es como si se abriera un pequeño estado revelador o despreocupado, no, despreocupado no; alterado, desenfrenado… como cuando inyectas una droga en el cerebro, o un placebo, o como cuando morís de ansiedad ante el sentimiento desorientado luego de ingerir masivas sustancias alcoholicas.

“Se desarrolla en miedo”

Se siente como una necesidad de clavar mis uñas en todo lo que desentierre sangre. En todo lo que drene odio. Por mis venas nace el odio.
Por mis neuronas se destierra una pequeña porción de inconciencia. La inconciencia es el yugo del Yo.

1 de marzo de 2012

Quiere volar un cerdito? Vuela, Vuela Cerdito. Chilla e inmólate en el propio linaje absurdo de tus cuentos y memorias tan trascendentales.
Tus pisaditas en el pasillo de tu propia culpabilidad no son seductoras. Son ambiguos. Son etéreos. Son imberbes.
La diacrónica de tus reclamos es completamente inversa al estado avanzado de tu post mortandad.
Debería confiar en tu habilidad para convertirte en mi mejor enemigo.
Quizás estarás mejor de esta forma.
Existia una leyenda poco irreal, de un padre monstruoso danzando en las pupilas de Dios.
La leyenda decia que Dios soborno al padre para que nunca lo dejara solo. Para que jamás violara el tratado de sentirse acorde y metaplasmo de mama.
Quizás mi propio misterio morboso seria comprobar el saber si el huevo fue primero que la gallina.
¿Siento un estado vomitivo? Como cuando los payasos descubren que la tragedia de su vida es nunca poder llorarle al público.
La acidez de mi atmosfera se desdobla como una droga. Hay algo de tangente y devorador en los gritos que me agobian por el temor de mantenerme en este lugar.
La vida es indiscreta. La vida se ausencia por la pornografía educada de su portador.
La creación de muñecos se otorga a través de múltiples traumas. Me observo como muñeco.
Esos muñecos que sostienen los alfileres de la costurera.
Mi costurera saborea el momento acido en que el alfiler me atraviesa.
Disfruta, goza, se excita jugando con el algodoncito que se resbala por mi pecho.
Es una imagen tan dulce. Mi perversidad ataca con furia en los puntos más inocentes y accesibles de mi conciencia. La cabeza me esta por reventar.
La sinestesia del suicidio es meramente decorativa. Ya no es viable. No vale como salida que aplaque el sentir agobiante de mis huesos quebrándose con tus caricias.
La rabia tampoco es una salida. Las heridas otorgadas por mi neurosis no funcionan.
Hay un sistema de nerviosismo y desorientación vagando por mis venas. El cuerpo no responde de la misma manera.
Mi cuerpo se rebela, mi mente agradece el favor y el Yo se apaga.
Solo te cree para herirme...
Soñando que todo esta bien. Que todo se mantiene. Todo el dolor, cualquier dolor es una ilusión.
El otro yo que descansa del otro lado de la almohada ha muerto hace varios años. Dulcemente desarrollo dependencias con viveres adictivos y sartenes enmohecidas en su rostro.
Supongo que la segunda parte de uno jamás aprende a verse a si misma como una totalidad. Así como nosotros tampoco somos capaces de ver la totalidad del nuestro y el segundo.
Tampoco de percibir al otro yo que descansa del otro lado de la almohada. Carecemos de la compasión para definir una barrera de amor, una de odio, intolerancia y quizás piedad.
Piedad. Una palabra un tanto simpatica. Un tanto amena.

Ten piedad de mi.