Soñando que todo esta bien. Que todo se mantiene. Todo el dolor, cualquier dolor es una ilusión.
El otro yo que descansa del otro lado de la almohada ha muerto hace varios años. Dulcemente desarrollo dependencias con viveres adictivos y sartenes enmohecidas en su rostro.
Supongo que la segunda parte de uno jamás aprende a verse a si misma como una totalidad. Así como nosotros tampoco somos capaces de ver la totalidad del nuestro y el segundo.
Tampoco de percibir al otro yo que descansa del otro lado de la almohada. Carecemos de la compasión para definir una barrera de amor, una de odio, intolerancia y quizás piedad.
Piedad. Una palabra un tanto simpatica. Un tanto amena.
Ten piedad de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario