La creación de muñecos se otorga a través de múltiples traumas. Me observo como muñeco.
Esos muñecos que sostienen los alfileres de la costurera.
Mi costurera saborea el momento acido en que el alfiler me atraviesa.
Disfruta, goza, se excita jugando con el algodoncito que se resbala por mi pecho.
Es una imagen tan dulce. Mi perversidad ataca con furia en los puntos más inocentes y accesibles de mi conciencia. La cabeza me esta por reventar.
La sinestesia del suicidio es meramente decorativa. Ya no es viable. No vale como salida que aplaque el sentir agobiante de mis huesos quebrándose con tus caricias.
La rabia tampoco es una salida. Las heridas otorgadas por mi neurosis no funcionan.
Hay un sistema de nerviosismo y desorientación vagando por mis venas. El cuerpo no responde de la misma manera.
Mi cuerpo se rebela, mi mente agradece el favor y el Yo se apaga.
Solo te cree para herirme...
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