Vi un cristo retorciéndose en las llamas. Escuche unos quejidos lastimeros provenientes de la madera del techo. Se que me quieres allí. En ese punto. Te extraño.
Dos míseros rasguños en mi brazo acompañan la idiosincrasia que acobijo una neuralgia insolente dentro de una botella.
Y… que puedo decir, madrugada, sola, hermosa noche para no estar aquí.
Quisiera palpar el silencio, seré yo quien sople el viento…
Seré yo quien llame al círculo inerte esta noche. No hay luna que acompañe, y repasemos… algo mas falta…
Las cartas, el agua, el aceite, un fósforo y el libro.
Una noche más acompañada de mi locura, con una letra triunfante… tan hábil como un susurro. Excelente desencadenante.
Dime… ¿Que demonios hiciste? ¿Que has hecho? ¿Que harás?
Buscare la congoja de un niño atormentado por fantasmas terrenales. Dios… si tuviera aunque sea un espectro de el. Si quisiera… hasta podría.
No.
No seas idiota. Sigue repasando. Crucialmente, ningún detalle puede perderse. No! El aullido no te asustara. Debes seguir.
Pero el aullido no me asusta. Al contrario… me exita. Es como su respiración en mi nuca. Es el miedo que acarrea la relación con una mala influencia.
Es el conector sagrado con un auxilio imberbe.
Y quien dice… veinte mil cosas mas puede ser.
Basta. Enfocarme.
Un susurro. El viento acaricia mis mejillas. Ya es tarde. Y el solsticio ha pasado.
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