La acidez de la lluvia en mis labios. La acidez de mi estomago. La acidez de la mirada súbita de un transeúnte enojado.
Y que? Mi bronca no cuenta no? El hecho de que mi ser este tan maniatado como el tuyo no importa. Claro que no! Que ingenuidad la mía de pensar que podrías ver mas allá de unos simples ojos negros.
Quiero tomarte de los hombros, golpearte bruscamente contra la pared. Rugosa. Sucia. Inerte.
Fría.
Si… muy fría.
La percepción es inexacta sabias? Te susurro al odio mientras arranco uno a uno tus cabellos.
El color naranja de una vela. La tonalidad ocre de sus manos a la luz de la misma. Un perfume a sándalo y consultorio de dentista.
Un sabor amargo. El acido láctico de mis músculos al correr se devora mi carne. Que? Eso no es posible!
No estas corriendo, estas a mi lado, y no me dejas irme.
No! Te digo que no… quédate. Me fascina la crueldad de ese saco de paño gastado por la vejez. Grisáceo. Antinatura.
Quítatelo! Te digo que te lo saques!
Hace frío!
Dios! No te diste cuenta que tu opinión no importa?
Quemarlo. Quemarlo y bañar mis pulmones del humo negro que surge de esa bestia de plástico barato.
Parecía lindo, caro. Te gusta ser un embustero verdad?
No. No he hecho nada. Solo son tus conjeturas.
CALLATE! No te di permiso de hablar.
Quiero lamer esas mejillas. Quiero saborear el miedo de la transpiración que rueda por tu sien.
De esa piel tan venosa, vieja, caduca. Morder levemente la vena morada. Gemido de dolor. Chilla.
Ruega por ayuda. O toma esas manos temblorosas y deslízalas por mis muslos. Te gusta?
A mi no.
Me seduces, pero no lo suficiente como para dejarte usarme.
Sublime.
Sedoso. La tonalidad apagada. Color humo. El cabello muriendo. El cabello que cae de entre mis manos. Oh! He perdido la cuenta. Casi te deje pelado. Mil disculpas caballero.
Le invito un café? O un helado? O un jugo? O un cianuro?
A que juegas?
A nada.
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