26 de agosto de 2011

Juego VIII

Exhala un gemido de dolor. Y lo construido se desvanece en el tiempo. El momento ha pasado.
Quiero empastillarme. Quiero desangrarme. Quiero fundirme con esos seres que tanto odio. Quiero desvanecer el sentimiento de vacío dentro de mi pecho.
Vamos a comprar perdón con la alegoría de dar una moneda al desvalido de la calle.
Vamos a sentirnos vivos aniquilando el envase en el que nos encontramos ahora.
Si yo soy más que un cuerpo, si supuestamente hay más de mi… de lo que puedo ver y tocar.
Que sucedería con mi ser si el envase se desvanece?
No quiero saberlo. No me importa. Mi sufrimiento purificara mis malas acciones. Mis pecados se desvanecerán y convertiré lo que otrora fuese un muñeco de trapo… en el más esbelto semidios jamás visto.
Pensare en un contexto rabioso. En un sortilegio desigual. Sustentable. Vituperable. Conciente de lo que hay o no hay. Quiero ver más allá.
Recuerdo cinco segundos antes, la consecuencia de haber violado al ente que vi por la ventana. Invoco lo más etéreo de mi memoria. Y la arena cae de entre mis dedos. Y una risa burlona, va gestando lo que seria el temor mas arraigado que jamás haya tenido.
El cual desembocaría hoy, en el morbo más sensual al que apelo.
Quiero destrozarte. Hundirme en ti y denigrarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario