26 de agosto de 2011

Lo se. Mi cuerpo paralelo ha muerto.


Conversaba con una señorita muy peculiar en el tren. Llevaba aros con forma de mariposa, casi tan grandes como sus orejas.
Subí en la estación de Once, y casi llegando a Flores, note que dicha dama llevaba una excesiva cantidad de mariposas en su vestimenta, en su bijouterie y en sus bolsos.
Me contaba que siempre había tenido una obsesión con ellas, le gustaba la belleza de estos bichitos y que lamentaba que la vida fuera tan injusta de negarle una extensión a las 24 hrs. de vida que posee una mariposa.
En fin, era un entretenimiento bastante ameno, dado el día tan agobiante que había enfrentado. A la mañana, la seguidilla de transeúntes maratonistas casi me había aplastado cuando me di cuenta de que un taco se me había roto, la monotonía de mi trabajo y el “llamado de atención” al mejor estilo colegio, de mi supervisor cuando me encontró en un rincón tratando de arreglar mi taco…
Obviamente, visto desde afuera es muy cómico, pero mucha gente sabe que realmente no es así, al menos en el momento que suceden las cosas. Tarde o temprano, todo se vuelve una anécdota hilarante.


La señorita de bajo en la estación de Haedo, y su lugar fue ocupado por un señor rechoncho con pinta de viejo verde, cosa que hizo mucho mas evidente cuando empezó a desviar su mirada desde el diario hasta mi pollera. Mi cara demostró una expresión entre asco y resignación. Mire por la ventana. Podría haber elegido escuchar música, pero el calor sofocante y los auriculares generando sensación de estar envuelto, no son una buena combinación.
Me transpiraba el escote, y me sentía muy incomoda. Quería secarme, pero el viejo libidinoso me iba a estar mirando. Dios! Era desesperante! Hasta me dieron ganas de llorar. Interrumpí mi estado aparentemente absorto mirando la ventana, y me volví lentamente para ver si el viejo seguía ahí. Estaba dormido.
Suspire. Con mucho alivio saque un pañuelo descartable de la cartera y me seque. Emití un resoplido medio burlesco para conmigo, y me di cuenta que ya había llegado.
Me baje en Morón. Tenia que pasar por la casa de mi novio. Realmente no tenia ganas. Ni de verlo a el, ni de bancarme a mi suegra, mucho menos de soportar al infame ultraderechista de mi cuñado.
Así que le mande un mensaje a mi chico, diciéndole que no iba a poder pasar, que me sentía medio mal, nada muy grave, que se quedara en su casa y yo me iba a dormir a la mía.
Camine por las calles, mire las vidrieras con vestidos para anoréxicas. Y me reí de una madre que argumentaba diez mil millones de excusas con su hija adolescente que se había encaprichado con un pantalón, en mi opinión, horrible.
Hoy en día las pendejas creen que por ser un palito se pueden poner cualquier cosa y todo les queda bien. Eso no se niega, pero hay un limite entre el buen vestir y la ridiculez. Y bueno, así ves una sarta de nenas de papucho, con esos anteojos de sol que les tapan toda la cara y una tanga colorada asomando la pollerita que mejor funcionaria como un cinto.
Si el papucho viera en que se gasta la plata la nena. Si el papucho comenzara a considerar la idea de que esta construyendo un prototipo de trola.
Emmm… me explaye demasiado.


Uno a veces no lo tiene en cuenta, pero una de las sensaciones mas hermosas que puede existir para un ser humano agobiado, es escuchar el “tic” cuando se termina de retorcer la llave en la cerradura y uno logra entrar a su casa.
Deje un par de bolsas de compras al lado de la cocina. Entre a mi habitación y vi a mi gata durmiendo en mi cama. Su voluptuoso vientre asomaba por entre las frazadas. Y pensé que iba a hacer cuando mi gata se multiplicara por cuatro. Hoy en día nadie quiere un gato. Esta la moda esa de tener “perros-cartera”, y “carteras- valija”, obviamente para meter los “perros-cartera” adentro. Y así uno va caminando feliz y tranquilo, se para en la calle para cruzar, y de una “cartera-baúl” te salta un caniche toy frustrado haciéndose el perro guardián de esa vieja decrepita que lo calma diciéndole “Ay Juan Alberto XVI, no le grites a la nena”.


Es muy probable que me quede con los gatos. Llegado su momento, mis amigas al visitarme, van a verlos. Les van a encantar, porque los “perros frustrados-cartera” no le ganan a la dulzura de un gatito bebe, y es muy probable que ellas ignoren la moda TOP, y dejándose llevar por un impulso, adopten los gatos. Es una suposición, una suposición reconfortante.



(...)

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