El ambiente mal ventilado y su exitacion se tornaban insoportables. Se aflojo ligeramente el cordon del piyama, que le cortaba el estomago, y uno de sus tendones emitio un crujido cuando sus labios casi imprceptiblemente rozaron el lugar donde se veia una marca de nacimiento debajo de la costilla... Pero se sentia incomodo y acalorado, y la congestion de su sangre exigia lo imposible. Entonces, iniciando su hechizo, comenzo a pasar su varita magica por el cuerpo de ella, casi tocando su piel, torturandose con su atractivo, su proximidad visible, la fantastica confrontacion que permitia el sueño de esa niña desnuda, que el estaba midiendo, se podia decir, con una vara encantada... hasta que ella hizo un movimiento debil, y volvio la cabeza hacia la pared con un ruidito que hizo con los labios, apenas audible, como un beso somnoliento. Todo volvio a su gelida inmovilidad. Ahora,entre los rizos castaños, el pudo distinguir el borde carmesi de la oreja y la palma de su mano liberada, olvidada, en su posicion previa. Adelante, adelante. En destellos parenteticos de conocimiento, como si estuviera al borde del olvido, el tuvo visiones fugaces de efimeros detalles incidentales -un puente sobre vagones del ferrocarril a toda velocidad, una burbuja de aire en el vidrio de una ventana, el guardabarros abollado de un auto, algun otro objeto, una toalla que habia visto, no hacia mucho, en alguna parte- y mientras tanto, lentamente, con aliento cebado, se acercaba pulgada a pulgada y, luego, coordinando todos los movimientos, empezo a amoldarse a ella...
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