26 de agosto de 2011

22-09-10

Una comisión experimental se encuentra observándome. Me habían dicho que trabajar de conejillo de indias era una manera rápida de conseguir dinero.
Pero… que hago?
Nada. Solo… observa tú alrededor y dinos que ves. Obviamente, deberás darnos a entender que efecto producen en tu cuerpo, los químicos que te inyectamos hace dos horas.
Desconfiaba. Una serie de batas blancas y anteojos oscuros me auscultaban.
Me senté en el piso. Recuerdo que era de un color marrón anaranjado. Y agarre dos o tres cubos de madera con varios dibujitos que había en un costado.
Repentinas lapiceras se deslizaron en unas tablitas plásticas. De repente me sentí un mono.
Pero quise ver que más generaba. Por un momento, el juego se torno divertido. A cada movimiento mío, cada tambaleo por el efecto de las drogas, cada cosa que agarraba, respiración, mirada, tos… rápidamente se escuchaban los “fru fru” en las tablitas.
Me estoy sintiendo algo mareado. Rezongue.
Una sinfonía de voces cuasi silenciosas zumbo en mi oído, y me di cuenta de que los tenia en mis manos.
Me di vuelta, y agarrandome la cabeza, empecé a gritar. Salte, alrededor de ellos, encima… emitiendo una serie de sonidos guturales que sobrepasaban el límite de lo tolerable.
Y los fru fru seguían resbalando.
Podía sentir que me miraban. Sin alterar sus expresiones.

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