La imagen del modesto descansaba en la pared.
-Quiero un te- me susurro la nuca.
-Menta Acribillada por favor- Evocaron las uñas.
Mientras el agua hervía observe al modesto; a su lado derecho figuraba el maniático, a la derecha de ese mismo bailaba el frígido, a la izquierda del modesto se encontraba el cínico y a este trataba de violarlo el amoroso.
Son un grupo bonito- admitió la pantorrilla.
¡Viva la revolución!- Exclamo el dedo pequeño del pie, y el maniático se retorció nervioso.
Puse el agua hirviendo en la taza, y las hojas de menta en una bolsita de arpillera. La sumergí en la taza.
Las uñas rieron a coro. El agua hirviendo y la arpillera le daban el sabor bruto a la infusión. Las hojas gritaron.
El dedo pequeño del pie inicio nuevamente su arenga revolucionaria, la cual fue sofocada por la planta del pie izquierdo.
-El cínico nos va a matar dormidos si no te callas- le dijo mientras ejercía presión
Así sucedía cuando la puerta de la habitación cedió con sufrimiento. Entro una monja.
-Señora- le rogué- Mi cuerpo se controla solo.
-¿Estas seguro Mariano?- la vi sacar una aguja.
-No señora, por favor, sabe que no me gusta eso.
Penetro fuertemente cada capa de la epidermis. Un líquido blanco salto, y ella siguió trabajando mientras limpiaba mi entrepierna.
-Le juro señora, no quiero, no quiero- Sentía que mi boca se interrumpía.
-Ya esta- Guardo el hilo y seco la aguja.
Cerro con otro quejido y se fue.
Recientemente se agrego otra figura al grupo. El modesto, a su derecha el maniático, a la derecha de este mismo aun baila el frígido, a la izquierda del modesto esta el cínico preso de las miradas lascivas del amoroso, que a su vez, desemboca penas insulsas en el mudo.
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